A medida que transcurre el tiempo, voy perdiendo la esperanza de volver a ver esa piedra en mi mesa de luz. Esa piedra, que de viajera ya no tiene nada. Ahora, cuatro años después, debe estar arrumbada en la caja, conviviendo con el polvo y el olvido. Sí, mi alma. Ah, no. La piedra. La impar, la número veintisiete. Veintisiete. El número que no puedo tolerar ni en el volumen del televisor. El que evito, el que no quiero incluir, pero que en el afán de olvidarlo, resuena veintisiete veces más en mi mente, haciendo que tiemble al recordar lo feliz que fui alguna vez... Lo feliz que fui ese día, con tan sólo un pedacito de costa y él. Él. El mismo que hace mucho tiempo es el único dueño de la piedra. Ah, no. De mi alma. No pierdo la esperanza de recuperarla; de que ella sí viaje, abandone el polvo y el olvido y retorne aquí, donde la espera es un lugar normal. Que vuelva. Mi alma...
Ah, no. Él.
[...]
jueves, 27 de septiembre de 2012
lunes, 10 de septiembre de 2012
El hilo rojo
Cuenta la leyenda...
Que un invisible hilo rojo conecta a quienes por algún motivo están destinados a encontrarse. Podrá enredarse o apretarse, pero a pesar del tiempo, lugar o distintas circunstancias, éste jamás podrá romperse.
Aún no sé si soy la otra punta de tu hilo rojo, o si sólo me estoy enredando en él...
Que un invisible hilo rojo conecta a quienes por algún motivo están destinados a encontrarse. Podrá enredarse o apretarse, pero a pesar del tiempo, lugar o distintas circunstancias, éste jamás podrá romperse.
Aún no sé si soy la otra punta de tu hilo rojo, o si sólo me estoy enredando en él...
domingo, 2 de septiembre de 2012
Recordar, te.
Son esas casualidades del destino que hacen que recuerde que un día como hoy, pero hace cuatro años, fue uno de los días más felices de mi vida... Cuando ayer hace tres... Maldita nostalgia de esta época del año, maldita memoria que recuerda lo que entristece recordar.
![]() |
| No es que quiera molestarte... Pero me es imprescindible sentarme en un café, y soñar un poco... Y tal vez amarnos... |
sábado, 1 de septiembre de 2012
Fueron tres años
No me hablas, tesoro mío,
no me hablas ni me has mirado.
Fueron tres años, mi vida,
tres años muy lejos de tu corazón.
¡Hablame, rompé el silencio! -ilusiones-
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
¡Qué cosas que tiene la vida!
¡Qué cosas tener que llorar!
¡Qué cosas que tiene el destino!
Será mi camino sufrir y penar.
Pero deja que bese tus labios,
un sólo momento, y después me voy. -no me iría-
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
Aún tengo fuego en los labios,
del beso de despedida. -no lo hubo-
¿Cómo pensar que mentías,
si tusnegros celestes ojos lloraban por mí?
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
Nunca un Tango tuvo las palabras tan justas para el primer día de Septiembre.
no me hablas ni me has mirado.
Fueron tres años, mi vida,
tres años muy lejos de tu corazón.
¡Hablame, rompé el silencio! -ilusiones-
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
¡Qué cosas que tiene la vida!
¡Qué cosas tener que llorar!
¡Qué cosas que tiene el destino!
Será mi camino sufrir y penar.
Pero deja que bese tus labios,
un sólo momento, y después me voy. -no me iría-
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
Aún tengo fuego en los labios,
del beso de despedida. -no lo hubo-
¿Cómo pensar que mentías,
si tus
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.
Nunca un Tango tuvo las palabras tan justas para el primer día de Septiembre.
viernes, 10 de agosto de 2012
El juego de las cuatro estrellas
Era una noche cálida de diciembre. Un mensaje de texto de ella invitándolo a charlar, a conocerlo más. ¡Las ganas de verlo que tenía, de compartir una madrugada! Un banquito blanco, dos adolescentes con el corazón a medio remendar, pero expectante por lo que podía llegar a ocurrir bajo ese manto de estrellas.
Iniciado el encanto, prosiguieron las charlas, hasta el amanecer. Pero mirá vos cómo era tal situación, que ninguno de los dos se había percatado de cuán rápido actuaba ese maldito reloj. Si no fuera por él, ella se hubiera quedado toda la vida allí, en ese banco, admirándolo, sintiéndolo, deseándolo. Deseando que no se acabe nunca la magia del sentir, del volver a creer.
¿Me preguntás cómo era esa noche? A ver, recuerdo que se acobijaban bajo un cielo con cuatro estrellas. Las más brillantes del universo. Sí, ¡En serio! Yo también las pude ver. Una era la esperanza. La otra, junto a ella y la menos radiante del conjunto, era el miedo. Y las otras dos tenían el brillo exactamente idéntico que la de dos miradas que, en este momento, no puedo recordar. Quisiera retroceder el tiempo, para poder verlas y contarte cómo eran, pero no creo que mi máquina del tiempo funcione un año hacia atrás. Esta noche, traté de buscarlas, así podía continuar con el relato y conozcas mi historia. Pero no me percaté de que una se había apagado una noche de agosto, luego de un fenómeno sin explicación. ¿Y la otra? La otra se fue apagando de a poquito, poquito a poco, al ver que ya no tenía reflejo... Al ver que sin su compañera, no podía producir el mismo brillo, tan único, tan propio, que acostumbraban dar las dos.
Iniciado el encanto, prosiguieron las charlas, hasta el amanecer. Pero mirá vos cómo era tal situación, que ninguno de los dos se había percatado de cuán rápido actuaba ese maldito reloj. Si no fuera por él, ella se hubiera quedado toda la vida allí, en ese banco, admirándolo, sintiéndolo, deseándolo. Deseando que no se acabe nunca la magia del sentir, del volver a creer.
¿Me preguntás cómo era esa noche? A ver, recuerdo que se acobijaban bajo un cielo con cuatro estrellas. Las más brillantes del universo. Sí, ¡En serio! Yo también las pude ver. Una era la esperanza. La otra, junto a ella y la menos radiante del conjunto, era el miedo. Y las otras dos tenían el brillo exactamente idéntico que la de dos miradas que, en este momento, no puedo recordar. Quisiera retroceder el tiempo, para poder verlas y contarte cómo eran, pero no creo que mi máquina del tiempo funcione un año hacia atrás. Esta noche, traté de buscarlas, así podía continuar con el relato y conozcas mi historia. Pero no me percaté de que una se había apagado una noche de agosto, luego de un fenómeno sin explicación. ¿Y la otra? La otra se fue apagando de a poquito, poquito a poco, al ver que ya no tenía reflejo... Al ver que sin su compañera, no podía producir el mismo brillo, tan único, tan propio, que acostumbraban dar las dos.
miércoles, 8 de agosto de 2012
Lejos
Desearía que fueses lo primero que viera al despertar y lo último que viera al dormir, pero la distancia nos separa, y tengo que conformarme con que seas lo primero que vea al dormirme y lo último que vea antes de despertarme.
sábado, 28 de julio de 2012
Inquietud
Hace tiempo, alguien me dijo que las relaciones entre las personas eran como una hoja de papel. Una vez que la abollás, no hay vuelta atrás: aunque trates de plancharla, siempre quedará marcada.
¿Qué pasará si acudimos al proceso de reciclaje en vez de que la hoja continúe deteriorándose?
¿Qué pasará si acudimos al proceso de reciclaje en vez de que la hoja continúe deteriorándose?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




